sábado, 28 de abril de 2012

El cuchillo


Amenazada,
después de las brasas
aguardaba se cumpliera
la ya dictada sentencia,
ser despedazada
ahora carne ya muerta.

El cuchillo,
de madera el mango
y dentado el filo
de inoxidable acero,
brillante,
despiadado,
fiero,
se abalanzó serrano
sobre el blanco cadalso,
el plato.
La carne,
casi cruda,
recibió el tajo
y, sangrante,
clavadas las puyas
delgadas y profundas
del tenedor enhiesto;
aguardó quieta
el viaje singular
que, atravesando el aire,
la llevaría en trayectoria circular
entre los amarillos dientes
en la caverna de la boca.
El hambre,
mucha o poca
siempre sin par enemiga,
esperaba a alimentarse
trozo a trozo
con el filete de ternera.
De la ternera fallecida.

Otra vez el cuchillo
se clavó hondo,
segando,
en un nuevo pedazo.

La ternera comida por la bestia
a cachos.

Otra comida de otro día.

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